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Lema del Curso

SOY: El arte de hacer desde el ser en el Colegio Santo Ángel de Albacete.

          En una sociedad marcada por el ruido, la prisa constante y la inercia del hacer sin descanso, el lema de este curso, SOY, nos convoca a toda la comunidad educativa del Colegio Santo Ángel de Albacete a una pausa imprescindible. Frente a la superficialidad del individualismo y el dinamismo vertiginoso del mundo actual, se nos invita a asentar la mirada en nuestro interior, a reconectar con nuestra Fuente de Vida y a echar raíces profundas que nos permitan sostenernos con firmeza ante cualquier tormenta.

          En nuestras aulas y pasillos recordamos que nuestros alumnos, familias y educadores no somos fotocopias ni meros ejecutores de tareas; somos seres únicos e irrepetibles, concebidos como un don y llamados a descubrir nuestra verdadera identidad. Transitar del «hacer» al «hacer desde el ser» implica un camino de autodescubrimiento consciente: conocernos, aceptarnos y querernos. Significa despertar hacia adentro para identificar los talentos que se nos han confiado y darles un propósito vital, inspirados por la entrega de Jesús de Nazaret y por esa pedagogía de la cercanía y el acompañamiento que caracteriza al Santo Ángel, integrando al Sabio, al Creador y al Cuidador.

          Sin embargo, profundizar en el propio «SOY» no es un acto de aislamiento ni de repliegue egocéntrico. Al contrario: fieles al estilo acogedor, familiar y fraterno que define a nuestro colegio, entendemos que solo desde una identidad sólida, consciente de su dignidad y enraizada en el amor, es posible trascender del «yo» para construir un «nosotros» cercano y solidario. Al reconocer lo que somos, descubrimos al prójimo como a otro «yo» y ponemos lo mejor de nuestra vida al servicio del bien común y de la misión compartida en la Fundación Educación y Evangelio.

          Cultivar el «SOY» en el Colegio Santo Ángel de Albacete es, en última instancia, asumir nuestra vocación educativa con sentido, entrega e ilusión. Detenernos a escuchar las emociones de cada alumno, acompañar sus procesos y cuidar la vida interior es el primer paso para humanizar nuestro entorno, ofrecer una respuesta transformadora a los desafíos de hoy y dejar una huella perdurable y llena de esperanza en las futuras generaciones.